Me rencuentro con Bime Bilbao tras varios años en barbecho, entre otras razones porque las giras de Rodrigo Cuevas y de Bewis de la Rosa para 2026 lo requieren.

Flipo con lo que ha medrado la Feria, inabarcable ya, y absoluto referente en el que prácticamente no falta nadie de la industria musical en todas sus vertientes.

Encontrarse con colegas, clientes, proveedorxs, amigxs de hace ya muchos años, así como conocer a otros muchos con los que te relacionas y otros tantos que te presentan de nuevas, resulta esencial para charlar, compartir, negociar, profundizar en la camaradería, confidenciar, escuchar, aprender: una bendición.

Las ferias son agotadoras, llevas la intensidad puesta todo el día, están plagadas de un runrún constante, y haces kilómetros a gogó: te acuestas rendido y te levantas igual. Además, el Euskalduna es horroroso en términos funcionales.

Bime resultó tan provechoso como divertido; vi unos cuantos bolos molones (Sanguijuelas, Laaza, Rata, La Moda, Queralt…), me perdí todas las conferencias y presentaciones, entre otras las de Manuel Alejandro y Rubén Blades, ¡ay!, con la excepción de la puesta de largo informal de FORMA, el foro de mánagers que acuñé, que tanta falta nos hacía, y que recién echa a caminar. ¡Gracias a Joan, Keina, Marisa, etc, que estáis tirando desde hace meses de la criatura: larga vida!

Con que si nada lo impide, el año próximo volveré a Bime Bilbao: siempre es un placer pisar sus calles, admirar su transformación, regocijarse con su gastronomía, cruzarse con sus miles de corredores, comprobar su actitud alerta, sentir que la olla bulle cada día más bonita.

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